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Este jabón es una combinación excelente para tratar pieles con estas condiciones, ya que tanto la saponificación en frío (que mantiene intactas las propiedades y conserva la glicerina natural) como la selección de ingredientes apuntan a tres pilares clave: calmar, hidratar y regenerar sin irritar.

​Aquí te detallo cómo actúa este jabón específicamente para pieles atópicas y con rosácea:

​1. Leche de Burra: El escudo calmante y regenerador

​Alivio del prurito (picazón): Es uno de los mayores desafíos en la piel atópica. La leche de burra tiene propiedades calmantes inmediatas que ayudan a frenar la necesidad de rascado.

​Nutrición e inmunidad cutánea: Al ser rica en vitaminas (A, B1, C) y ácidos grasos esenciales, fortalece la barrera de la piel (que suele estar "rota" o debilitada en pieles atópicas), haciéndola menos vulnerable a alérgenos externos.

​Acción hipoalergénica: Es extremadamente tolerante con las pieles más reactivas, reduciendo la posibilidad de brotes o enrojecimiento.

​2. Aceite de Oliva: Hidratación profunda y protección

​Efecto emoliente superior: Las pieles atópicas sufren de una sequedad extrema. El aceite de oliva penetra profundamente, aportando una hidratación duradera que suaviza la textura descamada.

​Antioxidante y desinflamatorio: Su alto contenido de vitamina E y polifenoles ayuda a calmar la inflamación y el enrojecimiento característico de la rosácea, protegiendo los capilares frágiles de la piel.

​Limpieza sin agresión: Al ser la base del jabón saponificado, limpia de manera sumamente gentil, sin barrer los aceites naturales que la piel dañada necesita desesperadamente para protegerse.

​3. Miel: El bálsamo reparador y antiséptico

​Humectación natural (Higroscópica): Atrae y retiene la humedad del ambiente en la piel, manteniéndola elástica y evitando la tirantez post-lavado.

​Cicatrizante y regeneradora celular: Ayuda a sanar las microlesiones o descamaciones causadas por las crisis de dermatitis atópica.

​Control antibacteriano (Antiséptico): Las pieles con rosácea o dermatitis son propensas a sobreinfecciones bacterianas. La miel actúa como un antibiótico natural suave, manteniendo la piel limpia de impurezas que puedan agravar la condición sin resecar en absoluto.

​En resumen: Mientras que los jabones comerciales suelen deshidratar y alterar el pH, este jabón saponificado actúa casi como un tratamiento cosmético de limpieza: desinflama las rojeces de la rosácea, corta la picazón de la dermatitis y devuelve la flexibilidad a la piel.

Edición limitada JABON SAPONIFICADO LECHE DE BURRA, OLIVA Y MIEL

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Este jabón es una combinación excelente para tratar pieles con estas condiciones, ya que tanto la saponificación en frío (que mantiene intactas las propiedades y conserva la glicerina natural) como la selección de ingredientes apuntan a tres pilares clave: calmar, hidratar y regenerar sin irritar.

​Aquí te detallo cómo actúa este jabón específicamente para pieles atópicas y con rosácea:

​1. Leche de Burra: El escudo calmante y regenerador

​Alivio del prurito (picazón): Es uno de los mayores desafíos en la piel atópica. La leche de burra tiene propiedades calmantes inmediatas que ayudan a frenar la necesidad de rascado.

​Nutrición e inmunidad cutánea: Al ser rica en vitaminas (A, B1, C) y ácidos grasos esenciales, fortalece la barrera de la piel (que suele estar "rota" o debilitada en pieles atópicas), haciéndola menos vulnerable a alérgenos externos.

​Acción hipoalergénica: Es extremadamente tolerante con las pieles más reactivas, reduciendo la posibilidad de brotes o enrojecimiento.

​2. Aceite de Oliva: Hidratación profunda y protección

​Efecto emoliente superior: Las pieles atópicas sufren de una sequedad extrema. El aceite de oliva penetra profundamente, aportando una hidratación duradera que suaviza la textura descamada.

​Antioxidante y desinflamatorio: Su alto contenido de vitamina E y polifenoles ayuda a calmar la inflamación y el enrojecimiento característico de la rosácea, protegiendo los capilares frágiles de la piel.

​Limpieza sin agresión: Al ser la base del jabón saponificado, limpia de manera sumamente gentil, sin barrer los aceites naturales que la piel dañada necesita desesperadamente para protegerse.

​3. Miel: El bálsamo reparador y antiséptico

​Humectación natural (Higroscópica): Atrae y retiene la humedad del ambiente en la piel, manteniéndola elástica y evitando la tirantez post-lavado.

​Cicatrizante y regeneradora celular: Ayuda a sanar las microlesiones o descamaciones causadas por las crisis de dermatitis atópica.

​Control antibacteriano (Antiséptico): Las pieles con rosácea o dermatitis son propensas a sobreinfecciones bacterianas. La miel actúa como un antibiótico natural suave, manteniendo la piel limpia de impurezas que puedan agravar la condición sin resecar en absoluto.

​En resumen: Mientras que los jabones comerciales suelen deshidratar y alterar el pH, este jabón saponificado actúa casi como un tratamiento cosmético de limpieza: desinflama las rojeces de la rosácea, corta la picazón de la dermatitis y devuelve la flexibilidad a la piel.

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